· Edición Digital · Número 21· Noviembre 2012 ·

Editorial

La Comisión Europea no ceja en su empeño. Haber sido derrotada tras dos intentos de desregular nuestra profesión (2003 y 2006), gracias a las luchas y la solidaridad de estibadores de todo el mundo, no basta. Nos vuelve a presionar con las mismas intenciones. 

Pero la realidad habla y los datos demuestran que el sistema funciona, es productivo y estable. Parece casi un oasis en medio de la desastrosa situación económica española. El tráfico de los puertos españoles hasta el mes de agosto, tuvo un incremento medio del 6,26%, lo que los convierte en la segunda industria que mayores beneficios genera en el país. Además, las previsiones oficiales los sitúan en 2013 por encima de los tráficos previos a la crisis, incrementando un 3% respecto a 2012. ¿Por qué erradicarlo entonces? ¿Por qué experimentar cuando la fórmula implantada con consenso genera riqueza?

Los estibadores, que sabemos que la flexibilidad es inherente al buen desempeño de nuestra labor, entendemos que puede haber modificaciones al texto aprobado, que pueden hacerse ajustes que contribuyan a que aumenten las inversiones extranjeras en los puertos españoles, que crezcan los tráficos aún en mayor medida, pero siempre desde el acuerdo y desde el respeto a los puestos de trabajo. Lo que no tiene sentido es destruir un pool de trabajadores que, como demuestran las cifras, funciona, para que hagan la labor otros en peores condiciones. Nuestro trabajo esta vinculado a la productividad y se reparte entre todos, lo que en momentos de crisis como éste impide medidas más drásticas y permite la competitividad de los puertos. Y ésta es, sin duda, la mejor defensa del marco legislativo español actual, que ha dotado de estabilidad al sector y que fue negociado por todos los grupos políticos y los agentes implicados en el sector marítimo-portuario.

Por tanto, cuando desde Europa se dictamina que la Ley de Puertos española es incompatible con sus normas, en cuanto a que restringe la libertad de establecimiento empresarial y de contratación, basta con echar un vistazo a la realidad que viven actualmente los puertos españoles para neutralizar fácilmente este argumento, pues en la mayor parte de ellos operan terminalistas y navieras internacionales que no han tenido ningún problema para establecerse en ellos. Si no que se lo pregunten a Hutchinson en Barcelona, Hanjin Shipping en Algeciras o Mediterranean Shipping en Valencia, por poner sólo algunos ejemplos.

Y es que la excelencia del sistema portuario español ha sido reconocida por el propio Presidente de Puertos del Estado ante los sindicatos del sector (Coordinadora, UGT y CC.OO.) y la patronal Anesco, comprometiéndose a no modificar el modelo sin consenso. Pero, para Coordinadora, la defensa del sistema ha sido débil y no se han expuesto todos los argumentos para evidenciar que la ley española no contradice el derecho de la Unión Europea. Desde nuestro punto de vista, sólo desde el consenso se podrá buscar la consolidación de un modelo que funciona.