· Edición Digital · Número 18 · Marzo 2012 ·

Jordi Aragunde, resonsable de Zona Catalano-Balear

‘Pimienta’, un héroe del mar

Ramón Soto Martiñán, estibador y práctico del puerto de Vilagarcía de Arousa, murió en accidente de trabajo la madrugada del pasado 24 de diciembre, en Nochebuena. Su muerte, como todas las ocurridas en el ámbito laboral, nos obliga a reflexionar seriamente sobre qué medidas estamos adoptando para evitarlas. La reinversión de los beneficios empresariales en medidas de seguridad de primer nivel no debe quedarse sólo en una aspiración, sino que debe ser una obligación absoluta.

Ramón tenía 54 años y era padre de dos hijos que eran su orgullo y su esperanza. El menor de ellos, Hugo, despunta ya desde hace años como atacante en el fútbol.
Durante mucho tiempo Ramón militó y defendió numerosas causas sociales, lo que le valió el respeto de todos cuantos le conocieron, incluso de aquellos que se situaban en las antípodas de su ideología política.

La tarde del día de Navidad, en la iglesia de San Martín de Sobrán de Vilaxoán de Arousa -y alrededores- no cabía un alfiler para dar el último y merecido adiós a ‘Pimienta’, como le conocían todos sus allegados. La demostración de esa villa marinera, que vio nacer a los antepasados de Valle-Inclán, a Pepe Rubianes o al ‘campión Pantera’, volcándose con la familia en esos momentos tan duros fue toda una muestra de cariño que nos llenó de orgullo a todos los que tenemos raíces en Vilaxoan.

Sirvan estas líneas para rendir un justo homenaje a Ramón y, con él, a todos aquellos que han dado su vida trabajando en los puertos y en el mar, como el malogrado Jordi Montero, un joven estibador de Barcelona que falleció el pasado 15 de noviembre y al que todos sus compañeros de profesión siempre llevaremos en la memoria.

Pero que quede claro: ni Ramón ni Jordi ni ningún otro deberían haber perdido la vida trabajando. Y es obligación de todos invertir todos los esfuerzos que sean necesarios para que accidentes como éstos jamás vuelvan a producirse. Jamás. Estamos en pleno siglo XXI y hoy en día existen los medios técnicos y humanos suficientes como para reducir el riesgo de accidente a nivel cero. Y ése debe ser el objetivo de toda la comunidad portuaria, cada uno en su papel y con su grado de responsabilidad, pero todos comprometidos con un mismo fin común.

Recientemente, Coordinadora organizó en Barcelona unas Jornadas de Prevención a las que asistieron más de 50 delegados de 12 puertos españoles. Y entre las conclusiones, una muy clara: debemos unificar los criterios de prevención laboral en todos los puertos, compartiendo la información existente y trabajando juntos para elevar los estándares de seguridad. Además, también se plasmó otra evidencia: no todos los puertos aplican con la misma determinación las políticas de prevención. Y no casualmente es en aquellos puertos en los que la fuerza sindical es mayor donde con más seriedad se ponen en práctica estas políticas.

En resumen, aún nos queda un largo trecho por recorrer y desde Coordinadora estamos dispuestos a asumir el reto. Se lo debemos a las familias de Ramón y de Jordi.