· Edición Digital · Número 19 · Mayo 2012 ·

Jordi Aragunde, responsable de Zona Catalano-Balear

Reforma laboral: en la senda equivocada

Sí. Hace falta una reforma laboral, ¿cómo no? Es evidente que un país con casi seis millones de parados y una tasa de desempleo superior al 20% necesita una profunda reestructuración de su mercado de trabajo. Pero no así. No con una reforma laboral que lo único que busca es abaratar el despido y eliminar casi de un plumazo la mayoría de conquistas sociales que costaron décadas de luchas y esfuerzos.

La premisa de los sectores más conservadores de la patronal -no todos, afortunadamente- es sencilla: cuántos menos derechos tenga un trabajador, menos miedo tendrá un empresario a la hora de contratarle. Pero esta premisa, que nos retrotrae a los tiempos de la Revolución Industrial y a las jornadas de 12 y 14 horas diarias, hace aguas por todas partes.

Primero porque si la clase trabajadora ve reducidas sus condiciones laborales -y salariales- difícilmente ésta podrá empujar la locomotora del consumo, y no hace falta recordar que sin demanda toda la economía entra en una espiral de contracción que termina por empobrecernos a todos. Y segundo, porque sólo los trabajadores identificados con su empresa -incluso siendo partícipes de sus decisiones- son capaces de rendir a un nivel óptimo.

Sólo aquellas personas que se sienten protegidas y cuidadas -derechos laborales, se llama- son capaces de rendir al máximo de sus posibilidades. Se trata de fomentar la corresponsabilidad de los trabajadores para que se sientan dueños de su futuro y sean capaces de innovar y crecer junto a sus empresas, algo que aplican con esmero algunas de las compañías más brillantes de Silicon Valley, en Estados Unidos. Lamentablemente, en España parece que el modelo de empresa está más cerca de las galeras de Felipe V que del modelo de I+D.

Y ahora que los sindicatos se encuentran en el ojo del huracán conviene recordar que sólo desde un sindicalismo de base, asambleario y participativo lograremos establecer un contrapeso suficiente que logre compensar el desnivel de la balanza. Nuestra apuesta ha sido clara y nítida desde hace años: queremos ser responsables de nuestro futuro y lo queremos ser desde la profesionalidad, aceptando las premisas de la productividad pero sin descuidar ni un ápice ni la seguridad laboral ni las protecciones sociales que las generaciones anteriores lograron tras incesantes luchas.

No, los estibadores no vamos a renunciar a ninguna de nuestras conquistas en aras de una supuesta modernidad que sólo esconde especulación y corrupción. Nuestra apuesta debe ser por una economía productiva, capaz de proteger al trabajador y al mismo tiempo garantizar el crecimiento económico de las empresas que inviertan (y reinviertan) en nuestros puertos. Y la Reforma Laboral camina en la dirección contraria. Por eso, nuestros puertos amanecieron el dia 29 de marzo con todas sus grúas paradas y con todas sus explanadas vacías. Como muestra de rechazo a una Reforma que constituye un error de concepto y que nos va abocar, por lo menos a corto plazo, a una mayor destrucción de empleo.